jueves, 3 de octubre de 2013

El creyente. El jesuita.

¿Quién duda que por estos días, decir "el jesuita" prácticamente es decir Francisco?
Francisco, Bergoglio, el Papa.
¿Quién podía suponer que cuando leíamos "Introducción al Cristianismo", escrito por Josph Ratzinger estaríamos en presencia del futuro sucesor de Pedro?
Todavía habemos quienes nos seguimos sorprendiendo con este libro.
El autor intenta tender un puente entre creyentes y no creyentes, y lo hace al reconocer que ambos dudan. Pero, hay quienes a pesar de las dudas, nos sentimos atados forzosamente por Dios a nuestra cruz en imitación y unidad a Cristo, a Jesuscristo.
Como figura de contemplación en el libro, Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, nos propone a EL JESUITA.

"Paul Claudel ha descrito esta situación del creyente en el preludio de su obra El zapato de raso. El náufrago es un misionero jesuita, hermano del héroe Rodrigo, el caballero, el errante e inconsciente aventurero entre Dios y el mundo. Los piratas habían hundido la barca del misionero y lo habían atado a un madero que lo llevaba a merced de las olas del océano. El drama comienza con el último monólogo del jesuita:

Señor, os agradezco que me hayáis atado así. A veces he encontrado penosos vuestros mandamientos. Mi voluntad, en presencia de vuestra regla, perpleja, reacia. Pero hoy no hay manera de estar más apretado con vos que lo estoy, y por más que examine cada uno de mis miembros, no hay ni uno solo que de vos sea capaz de separarse. Verdad es que estoy atado a la cruz, pero la cruz no está atada a soporte alguno. Flota en el mar.

Clavado en la cruz, pero la cruz en el aire, sobre el abismo. No puede describirse con precisión más incisiva la situación del creyente de hoy. Parece que lo único que le sujeta es un madero desnudo situado sobre el abismo. Y parece que llega el momento de hundirse para siempre. Un madero parece atarlo a Dios, pero, a decir verdad, le ata inevitablemente y él sabe que en último término el madero es más fuerte que la nada, que está a sus pies, pero que sigue siendo el poder que amenaza su existencia actual.

El cuadro presenta además otra dimensión más amplia que, a mi modo de ver, es la más importante. El jesuita náufrago no está solo, en él se anuncia la suerte de su hermano, en él se refleja el destino de su hermano, del hermano que él tiene por incrédulo, a quien Dios ha vuelto la espalda porque no considera como algo propio la espera, sino .la posesión de lo que puede alcanzarse, como si él pudiera ser de otro modo al que tú eres..."

De INTRODUCCION AL CRISTIANISMO
Joseph Ratzinger
Benedicto XVI