miércoles, 9 de octubre de 2013

Defensa

A mis compatriotas solamente


La palabra impresa tiene sus límites de publicidad como la palabra de viva voz. Las pájinas que siguen son puramente confidenciales, dirijidas a un centenar de personas i dictadas por motivos que me son propios. En una carta escrita a un amigo de infancia en 1832, tuve la indiscreción de llamar bandido a Facundo Quiroga. Hoi están todos los arjentinos, la América i la Europa, de acuerdo conmigo sobre este punto. Entonces mi carta fué entregada a un mal sacerdote, que era presidente de una sala de Representantes. Mi carta fué leída en plena sesión, pidióse un ejemplar castigo contra mí, i tuvieron la villanía de ponerla en manos del ofendido quien, mas villano todavía que sus aduladores, insultó a mi madre, llamóla con torpes apodos i le prometió matarme donde quiera i en cualquier tiempo que me encontrase. 

Este suceso, que me ponia en la imposibilidad de volver a mi patria, por siempre, si Dios no dispusiese las cosas humanas de otro modo que lo que los hombres lo desean; este suceso, decia,  vuelve a reproducirse diesiseis años mas tarde, con consecuencias al parecer mas alarmantes. En Mayo de 1848 escribí tambien una carta a un antiguo bienhechor, en la cual tambien tuve la indiscrecion de que me honro, de haber caracterizado i juzgado al gobierno de Rosas segun los dictados de mi conciencia, i esta carta como la de 1832, fué entregada al hombre mismo sobre quien recaia este juicio. 

Lo que se ha seguido a aquel paso sábenlo  hoi todos los arjentinos. El gobernador de Buenos-Aires publicó aquella  carta, entabló un reclamo contra mí cerca del gobierno de Chile, acompañó la nota diplomática i la carta con una circular a los gobernadores confederados;  el gobierno de Chile respondió a la solicitud, replicó Rosas, se repitieron las circulares, vinieron las contestaciones de los gobernadores del interior, continuó el sistema de dar publicidad a todas aquellas miserias que deshonran mas que a un gobierno a la especie humana, i parece que continuará la farsa, sin  que a nadie le sea posible preveer el desenlace. La prensa de todos los  paises vecinos ha reproducido las publicaciones del gobierno de Buenos-Aires, i en aquellas treinta i mas notas oficiales que se han cruzado, el nombre de D. F. Sarmiento ha ido acompañado siempre de los epítetos de infame, inmundo,  vil, salvaje, con variantes a este caudal de ultrajes que parecen el fondo nacional, de otros que la sagacidad de los gobernadores de provincia ha sabido encontrar, tales como traidor, loco, envilecido, protervo, empecinado i otros mas. 

Caracterízanme así hombres que no me conocen, ante pueblos que oyen mi nombre por la primera vez. Desciende el vilipendio de lo alto del poder público, reprodúcenlo los diarios arjentinos, lo apoyan, lo ennegrecen, i sábese que en aquel pais la prensa no tiene sino un mango, que es el que tiene asido el gobierno; los que quisieran servirse  de ella como medio de defensa, no encuentran sino espinas agudas, el epíteto de salvaje, i los castigos discrecionales.

I sin embargo, mi nombre anda envilecido en boca de mis compatriotas; así lo encuentran escrito siempre, así se estampa por los ojos en la mente, i si alguien quisiera dudar de la oportunidad  de aquellos epítetos denigrantes, no sabe qué alegarse a sí mismo en mi escusa, pues no me conoce, ni tiene antecedente alguno que me favorezca. 

El deseo de todo hombre de bien de  no ser desestimado, el anhelo de un patriota por conservar la estimacion de sus conciudadanos, han motivado la   5publicacion de este opúsculo que abandono a la suerte, sin otra atenuacion que lo disculpable del intento. Ardua tarea  es sin duda hablar de  sí mismo i hacer valer sus buenos lados, sin suscitar sentimientos de desden, sin atraerse sobre sí la crítica, i a veces con harto fundamento; pero es mas duro aún consentir la deshonra, tragarse injurias, i dejar que la modestia misma conspire en nuestro daño, i yo no he trepidado un momento en escojer entre tan opuestos estremos. 

Mi defensa es parte integrante del voluminoso protocolo de notas de los gobiernos arjentinos en que  mi nombre es el objeto i el fondo envilecido. Mi contestacion que se rejistra en el número  19 de la Crónica, mi Protesta en el número 48, i este opúsculo, deberán pues ser leidos por los no quieran juzgarme sin oirme, que eso no es práctica de hombres cultos.

Inicio de: Recuerdos de Provincia. De Domingo F. Sarmiento.